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Aquel viaje del Betis a Rumanía

Reproducimos el artículo de LUIS CARLOS PERIS publicado en Diario de Sevilla

Con el cuerpo caliente de Paquirri y la derrota ante un Barça que iba a salir campeón, el Betis viajó a Rumanía para enfrentarse a Universitatea Craiova en la primera eliminatoria de Copa de la UEFA 84-85. Un viaje inolvidable por el sinfín de peripecias que vivió la expedición verdiblanca desde que en la tarde del domingo iniciaba periplo en el aeropuerto de San Pablo.

Puede decirse que es una historia que va de un auténtico saltamontes a lo del vuelo privado actual. El partido se jugaba el 3 de octubre en Craiova y el equipo bético, presidido por Martínez Retamero y entrenado por Pepe Alzate, emprendía viaje en la tarde del domingo 30 de septiembre. La noche anterior, el Barça de Terry Venables había ganado en Heliópolis mediante goles de Schuster y Alesanco por gol bético de Parra.

El día anterior, viernes 28 de septiembre, había recibido sepultura en el cementerio sevillano Francisco Rivera Paquirri, muerto el miércoles 26 por las heridas que le produjo el toro Avispado en Pozoblanco. Y se da la circunstancia de que unos meses antes, el Betis había sido agasajado por el torero barbateño en su finca Cantora por este motivo que lleva al equipo a la capital rumana, por su clasificación continental.

Y aunque el partido se juega el miércoles se inicia el viaje el domingo con vuelo vespertino a Madrid para pernoctar en el hotel Diana, aledaño al aeropuerto de Barajas. La razón, que el siguiente vuelo es a hora bien temprana y el destino es Zúrich para volar dos horas más tarde a Ginebra y de ahí a Bucarest, donde se llegaba sobre las tres y media de la tarde.

En Bucarest, con un calor sofocante, la expedición se alojaba en el céntrico hotel Bucuresti y coincidió en dicho alojamiento con la expedición de la Roma, que se enfrentaba con el Steaua en su campo, estadio Ghencea. Pero las vicisitudes no habían ni siquiera amagado, pues todas se agolparían al día siguiente, fecha en que el Betis había de trasladarse a Craiova, lugar del partido.

Entrenamiento matinal en Bucarest en un parque donde la extrañeza cundió cuando apareció un pope incensando a la tumba del Conde Drácula y partida tras el almuerzo a Craiova, distante unos 200 kilómetros de Bucarest sentido suroeste y cerca de la frontera con Bulgaria. Inenarrable viaje en autobús de cinco horas y media por una carretera surcada continuamente por familias trashumantes en carromatos que dificultaban la circulación.

Se llegó a Craiova ya de noche, sin toma de contacto alguna con el escenario, el partido se jugaba a las dos de la tarde hora española. La ida terminó con victoria bética por uno a cero con gol de Suárez y la vuelta con el mismo resultado, pero a favor de los rumanos mediante tanto de Cirtu que le endosó una vaselina incontestable a Esnaola. Se llegó a la prórroga tras expulsión del bético Diego y del rumano Camataru, el árbitro, un periodista vienés llamado Ernst Fahnler, le anuló un gol legal a Rincón y en los penaltis iba Rincón a ser el único que fallase.

Clasificado Universitatea, la vuelta se recorría en hora y media, mucho menos de lo que duró la ida siendo igual el recorrido. Ya en Bucarest, el periodismo desplazado mandó sus crónicas desde la Embajada de España, lugar en el que el embajador, José María Álvarez de Sotomayor, le ofreció una recepción al recién eliminado Real Betis Balompié. Al día siguiente, retorno vía París, nada que ver con esta forma de viajar casi veintidós años después. Salida en la atardecida del domingo y retorno ya casi de noche el jueves, una odisea de la que se cumplirán veintidós años en octubre, justamente el 3.

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