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2005

Colaboración enviada por P. O'conell

En mi cabeza mejor o peor amueblada, un cajón, el de 2005. Acordes fúnebres de Lutoslawsky suenan cada vez más diáfanos para este año que se acaba, que se va para siempre. Un año vivido, o sufrido, según el color del sentimiento con el que se mire.

Y en mi mente un cajón, colmado, harto de reminiscencias cristalinas aún, que a día de hoy siguen empapando mis ojos y poniéndome los pelos como escarpias. Un año para la feria de Carretero, maldita pegatina de trece barras, con su portada centenaria para conmemorar un cumpleaños, que aún no lo era porque empezaba en julio, aunque quizás comenzó en enero y no en marzo, o tal vez… bueno, eso.

Un año para la romería de la indiferencia y tandas de penaltis con héroe color butano, para lo que antes de un Derbi eran seis convertirlo en tres.

Con Cruces de Mayo que a algunos sirvió para evocar la alegría de tiempos pasados, y que para otros pesaron como la que arrastró Jesús de Nazaret. O como cuarenta mil ejemplares de semi-inédito “blanco y carmesí”, equivocadamente “achampionado” y que también debían pesar lo suyo.Un año para la más dulce ensaimada, para la magistral “Duda” malagueña, que no marbellí, para hacer propios eslóganes del vecino.

Y en el cajón, los recuerdos de una noche con magia, con encanto, con miradas enrabietadas al cielo musitando para los adentros eso de “ojalá estuvieses aquí”, de rivalidad y de amistad (gracias Aitor por la bufanda), de improvisados toreros, de puro arte trianero. De ver como un Rey entregaba una Copa con la mirada turbia porque él también miró hacia las estrellas.

Un año para conquistar principados, para deleitar oídos con soniquetes dignos de los mejores, de los campeones. Para darle credibilidad a la leyenda de David y Goliat, para visitar la auténtica y única cuna del balompié que no hace sino que me ría de todos los centenarios habidos y por haber de los Pirineos a Tarifa.

Un año sublime para incluso olvidar que ya empezó la liga y que hay que despabilar. Para cumplir años unos y para cumplir sueños otros. Un año, este de 2005 que acaba, del Real Betis Balompié. Le pese a quien le pese.

Y en mi cabeza, mejor o peor amueblada, un cajón atiborrado que ni cierra ni quiero cerrar y que tendré presente hasta que la música de Lutoslawsky suene para mí. Y habrá abanderados de la clase y el señorío que tengan uno y lo trasteen mientras dejan el bastón junto a la cama y la caja de dientes en la mesilla. Otros, sin embargo, quizás tengan más fácil ver un artículo de la Obregón en el National Geographic.

P. O'conell

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